Pesadilla migrante

Ser migrante me ha enseñado muchísimo. Es que para adaptarte a una nueva cultura, tienes que obligarte a salir de los patrones que han dirigido tu vida durante tantos años sin darte cuenta. Vas viendo en qué consistía la cultura que te vio crecer (comida, música, costumbres, dichos, forma de pensar) y vas descubriendo la cultura que te recibe.

Cuesta, cuesta muchísimo. Pero supongamos que no tienes de otra que intentar ser feliz allí donde estás. Te vas introduciendo a la cultura por ensayo y error. Ah, que eres exageradamente bullicioso, porque en la zona del país donde creciste la gente era así y ¡está bien!, pero te das cuenta de que a las nuevas personas que te rodean no le parece tan agradable. Puedes seguir siendo como eres, porque eres así y “no deberías cambiar por nada ni por nadie”, o puedes intentar moderar tu euforia, quizá, y te vas dando cuenta de que la gente le agradas un poquito más. Son decisiones que uno toma, cosas que uno aprende.

No sé en qué momento comienzas a hablar como ellos. Hay gente que lleva años y sigue con su mismo “cantaito”. Otros llevan meses y ya no le distingues. ¿juzgar? no, sobreviencia. A veces pienso en una pequeña hipótesis de que hablas como ellos cuando te empiezas a sentir parte de allí. Pero el punto es que comienzas a utilizar sus modismos, a hacer las preguntas con la misma entonación, a introducirte.

Pero en ese duro proceso sueñas con regresar a tu país, sueñas con volver a las personas que te vieron crecer. Sabes que no puedes, pero lo haces igual, así es la nostalgia y el dolor. La comida no es la misma, el humor no es el mismo. Si eres de un país muy cálido y llegas a uno frío, sientes que el invierno es tortuoso y que incluso la festividad “más alegre”, está impregnada de una leve melancolía.
“Este país es muy frío”. “No me gusta”, son cosas que escuchas cuando hablas con otros migrantes. No es fácil. Es que en cada historia detrás de un migrante hay una riqueza interesante. Pero tú estás en ese proceso tanto como ellos. Sí, a mí tampoco me gusta, le dices, pero bueno, intento que me guste.

Así pasan los meses, que de pronto son años. Conoces nuevas personas. Tampoco sé en qué momento te empiezas a enterar de la política y de los problema que afectan al país. Pero llega un día en el que ya son las elecciones presidenciales y te preocupa quién gane. También te das cuenta de que el precio del metro está cada vez más alto y bueno, sufres lo mismo que sufren las personas que están acá. Pero no todo es tan malo, también cuando llegan las fiestas nacionales, celebras con ellos.

Ese muro entre el “tú” y el “ellos” se empieza a derrumbar de a poco. Ya es menos la frecuencia con la que te miran y te dicen “Oh! ¿tú no eres de aquí, verdad?”. Incluso hay ocasiones en la que dices “Yo no soy de aquí” y te dicen “¿de verdad?”, pero muy seriamente. Esto es adaptación, creo yo, dejas de verlo como “ellos”, cuando piensas en “ellos” piensas en un “nosotros”. La otra cara también es cuando hablas con gente de tu país y te dicen “Oye, no se nota que vienes de allá”.

No se nota, no se nota. Bueno ¿Debe importar que se note? Un amigo una vez me dijo que lo importante es cómo te sientas, creo que tiene razón. Uno nunca se deja de sentir del lugar de donde vino.

Lo que no sabía de la adaptación era que llegaba un momento en el que esos sueños se volvían pesadillas. Durante los primeros meses cerrar los ojos para dormir, era un momento para volver. Siempre que soñaba estaba allá, en casa, con mi padre, saliendo al cine con mis amistades, tomándome una chicha con canela. Pero ahora cuando sueño que estoy allá, veo el avión aterrizando, mi pasaporte se pierde, cancelan el vuelo en el que me regresaba.

Dentro del sueño, sé que las cosas están peor de como las estoy imaginando (o recordando) y todo se vuelve gris. Escucho una voz que me dice: “te quedarás acá, ya no hay forma de volver”. Y siento que el drama se repite de una forma trágica, pero a la inversa: ser migrante en tu propio país. ¿Fue un sueño estar cuatro años en un país distinto? Esas pesadillas son las más reales porque están cargadas de detalles.

Los primeros días, cuando abría los ojos tras esos sueños, esta realidad era una pesadilla. Ahora, abrir los ojos es un alivio.

En pocos días más cumplo 4 años en Chile. Así es la vida, las cosas no pasan en vano

Un comentario en “Pesadilla migrante

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s